Encontrar tu sonido es una de las aventuras más lindas del Blues

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Encontrar tu sonido es una de las aventuras más lindas del Blues

Hay una pregunta que todos los músicos nos hacemos, tarde o temprano.

¿Cómo quiero sonar?

No hablamos de tener el amplificador más caro, la guitarra más exclusiva o el pedal de moda.

Hablamos de algo mucho más profundo.

Ese momento en que alguien escucha apenas dos o tres notas… y sabe que eres tú.

Le pasó a B.B. King.

Apenas escuchas una frase de Lucille, no hace falta mirar quién está tocando.

Lo mismo ocurre con John Lee Hooker. Con Muddy Waters. Con R. L. Burnside. Con Junior Kimbrough. Con Hound Dog Taylor. Con Bob Dylan.

Todos encontraron una voz propia.

Y esa voz no apareció de un día para otro.

Se fue construyendo con los años.

Con cientos de conciertos.

Con errores.

Con noches donde nada sonaba bien.

Con cambios de guitarra.

Con cuerdas distintas.

Con afinaciones abiertas.

Con un amplificador diferente.

Con un slide nuevo.

Con una forma distinta de atacar las cuerdas.

Pero, sobre todo, con la decisión de dejar de intentar sonar como otra persona.

Creo que ese es uno de los momentos más bonitos que puede vivir un músico.

Cuando deja de preguntarse cómo tocaría tal o cual guitarrista y empieza a preguntarse:

¿Qué quiero decir yo?

Porque el sonido también habla.

Hay guitarristas que transmiten calma.

Otros hacen que una guitarra parezca gritar.

Algunos tocan con una limpieza impresionante.

Otros dejan que las notas choquen, respiren y se ensucien un poco.

Y todas esas formas son válidas.

En Big Valpo Blues nos gusta mucho una frase:

El mejor sonido no es el más perfecto. Es el más honesto.

Quizás por eso sentimos una afinidad especial por el Hill Country Blues.

No porque sea mejor que otras escuelas.

Sino porque pone la emoción por delante del virtuosismo.

Muchas veces una sola idea, repetida con intención, dice más que cien notas tocadas a toda velocidad.

No importa si tocas una guitarra de miles de dólares o una guitarra hecha en tu taller.

No importa si usas un amplificador valvular antiguo o uno digital.

No importa si recién llevas seis meses tocando.

La búsqueda es la misma para todos.

Encontrar ese sonido que haga sentir que la guitarra, la voz o la armónica están diciendo exactamente lo que llevas dentro.

Y esa búsqueda nunca termina.

Por suerte.

Porque probablemente ahí esté la parte más hermosa del viaje.

No dejar de descubrir quién eres cada vez que vuelves a tocar la primera nota.

No persigas el sonido de otro. Encuentra el que cuenta tu propia historia.

¿Y tú? ¿Hay algún guitarrista, cantante o armonicista cuyo sonido reconozcerías con los ojos cerrados? Cuéntanos en los comentarios.

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